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RECREACIÓN
DE LA LOZA DORADA
Granada,
fue en otros tiempos la cuna de un arte absoluto y totalizador; un conglomerado
arquitectónico artístico que integraba en su ambicioso proyecto de recrear
recintos paradisíacos y moradas trascendentes, a todas las artes y artesanías
de su tiempo.
Heredaba,
eso sí, un extenso patrimonio . - Greco-romano, Oriental y autóctono;
al que supo darle un talante intimista y abstracto; replegándose en la
construcción de ámbitos interiores y fugas geométricas de irrepetible
belleza.
Aquel
ambicioso vuelo místico, lúdico y estético fue bruscamente interrumpido
por la miopía y la intolerancia de un nuevo orden militar y técnico, amparado
en un fermento religioso incapaz de convivir con otros credos.
A
partir del siglo XVII, la historia de Granada ha sido la de una dorada
decadencia, por completo al margen de protagonismos culturales o estéticos,
que ha vegetado y vegeta en una mórbida complacencia de ruina encantada
y voyeurismo turístico.
En
este panorama de depresión y penuria económica, la vieja y fértil artesanía
del reino se ha ido transformando mando en un vil remedo, apenas válido
para vender el recuerdo amorfo de una Ciudad dormida.
Y
es en este contexto, donde comienza la labor silenciosa de un granadino
empeñado en rescatar aquellas viejas glorias artesanales de su olvido
de siglos. Miguel Ruiz Jiménez ha emprendido, desde hace varios años,
la tarea ingente de bucear en ese patrimonio estético de fronteras difusas.
Y ha elegido para ello el exponente más representativo de aquel protagonismo
técnico y estético que hizo famosa a la Granada Nazarita: La Loza Dorada.
El
ha ido avanzando en silencio, cocción tras cocción, dibujo a dibujo, arnesgando,
en ocasiones, algo más que una simple hornada. A su alrededor ha ido creciendo
un recinto encantado, como surgido de la mano de un ceramista sin tiempo
que hubiese desvelado los misterios de la trasmutación del barro en materia
preciosa.
De
una idea difusa, ha prosperado una colección capaz de llenar un palacio
de leyenda y, poco a poco, la Loza Dorada surge de nuevo como un suave
esplendor rescatado al olvido.
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