El creador traduce lo invisible; es , entre todos el ser más vivo y despierto; quien tiene a su merced lenguajes propios, personales; por cuya mediación transmite el oculto mensaje que subyace en el reverso de las cosas.

     En Miguel Ruiz el mensaje de la creatividad fue durante un largo tiempo un lamento de impotencia, un balbuceo apenas esbozado que intuía los extensos paisajes del hombre y quería entrar en ellos, regresar quizás para contarlo, aunque solo dispusiera de un frágil poder de escultura, modelado, cerámica, materia...

     Pero la consecución de un magisterio está previamente cedada por una suerte de lenguaje cifrado, un laborioso código de alusiones, imágenes, elementos místicos y laberínticos; emblemas y jeroglíficos que sirven para ahuyentar a los necios y hasta llegan a confundir al sabio.

     Por caminos duros, incondicionales entrefas y su plena dedicación a un final incierto; Miguel Ruiz fue acercándose a esta meta de plenitud que exige de continuo la facultad inexorable de la mutación y el cambio.

     El mensaje de esta alquímia que él ha aplicado a la consagración del arte viene a decir que todas las pulsiones del hombre se deben entregar a la tarea; que no hay edad, dedicación, afán, sacrificio, vocación o anhelo que basten para coronar la Obra; que el esfuerzo por despertar al lenguaje de la totalidad es una incansable trasmutación, un trabajo infinito.
     
     Miguel Ruiz ha cruzado el laberinto y ha colocado en el centro justo de su hechizo este gigante que grita a los cuatro vientos el misterio tan rotundamente desvelado de una creatividad en marcha.

     Hay aquí una voluntad cataclísmica y potente, un ánimo de demiurgo antiguo capaz de hacer surgir la vida más rabiosa desde las profundidades de los reinos minerales; una vocación de ilimitada energía capaz de acorralar la inercia involutiva y amorfa de la materia y elevarla a la condición de cíclope vivo y enorme, dispuesto a caminar hacia el estupor de los mortales y aplastar con su elevado proyecto esta invencible desidia que nos vuelve inertes.

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